Heidi
Un día cualquiera de esta semana - porque ahora los días de la semana no tienen relevancia alguna - busqué capítulos de una serie que marcó mi infancia y parte de mi pubertad. Como que si digo pubertad pienso en esos alumnos psudosexualizados, insoportables pero por ahora, dejemoslos indemnes.
Heidi es una huérfana de padre y madre que ha quedado al cuidado de su "adorable" tía Dete, en vista del acontecer económico que le acontece, se ve en la obligación de ir de dejar a la pequeña a casa de su único pariente, su abuelo, el ermitaño viejo de los Alpes.
Dete llega a los Alpes Suizos, encara al viejo que nada quiere tener que ver con niños, y deja a la pequeña a su suerte, con ese viejo solitario e irascible.
Lo más encantador comienza ahí, cuando ese viejo solitario, se convierte en el alma más dócil con su nieta; la pequeña lo conquista hasta lo más profundo con su inocencia y se forma entre ellos un lazo insoluble.
Las aventuras de Heidi me acompañaron, no recuerdo por cuantos años de mi niñez, en la misma época cada año. A penas comenzaba el cambio de hora y el frío, comenzaban a transmitir en el canal Regional, la historia de esta pequeña. Nosotras veíamos juntas las aventuras de esta niña. Recuerdo la imagen de mi papá, un día de lluvía, esperándome en el pasillo de la escuela, con mi paraguas, para llevarme a casa, una vez allá, yo metia al horno de la estufa a leña un pan con queso que una vez listo era el refrigerio perfecto para ver Heidi con todos los de la familia. Los capítulos los sabíamos de memoria y aun así, año tras año, esperábamos para ver la serie cada temporada. Ahora que lo pienso, desde que soy chica tengo mis cábalas, En ese tiempo teníamos una tele blanco y negro que se cambiaba con un alicate porque la manilla estaba quebrada. Que lejanos parecen esos años de estos que tengo ahora, me da una nostalgia tremenda reconocer que no tenía idea en que iba a parar mi vida, y en qué iba a para la humanidad. Esos recuerdos son memorias preciadas que guardo, porque albergan una felicidad tan sencilla que me conmueve.
Mis hijos, si llegara a tenerlos, nunca van a tener ese tipo de momentos, porque ya no hay tiempo para cábalas ni tradiciones.

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