Temprano de madrugada.

 






Cuando iba en sexto básico la vida era muy sencilla pero tambien era esforzada. No se porqué las mañanas me obligan a evocar recuerdos.  Yo tenía como trece años y me levantaba tempranito para ir a clases, a la escuela de la población que estaba como a tres cuadras de mi casa. Bajaba a prender la luz del negocio y le recibía el pan a mi mamá, ahora que recuerdo era el pan el que me despertaba temprano. Algunas veces bajaba mi papá a buscarlo y otras yo. El tío Melgarejo nos despertaba a bocinazo limpio tipo 6:45 de la mañana y ahí se quedaba hasta que alguien salía. Me gustaba de alguna forma eso porque yo tomaba desayuno con el pan calentito.


La ruta al colegio era de lo más sencilla, a mi de preferencia me gustaba irme sola, pero como mis hermanas eran menores, nos llevaban a todas juntas. Cuando yo de alguna manera milagrosa lograba salir antes que todos, me iba escuchando música en una especie de radio a colores que costaban como mil pesos en las ferias y feliz de la vida. Eran radios chiquititas ultramegahiper sensibles que del puro tute se partian o echaban a perder, en ese tiempo ni soñando imaginaba usar un mp3 o como ahora, un iphone. Yo ni me imaginaba qué tipos de tecnologías alcanzaría a conocer en mi joven vida, pero con esa radio era super feliz, y demás que en ese tiempo escuchaba puro tronik y ataque 77 y me juraba.

Doblando la esquina, pasado la central y intersectando la calle carabineros estaba el pasaje del colegio, no recuerdo el nombre. Ahí ya me apuraba porque desde la esquina se escuchaba el timbre pero yo siempre llegaba temprano. A mi me encantaba ir a clases, nunca faltaba al colegio, me gustaba mucho aprender. Nunca fui porra, era de las mateas del curso y super competitiva. Me gustaba que los profesores hablaran bien de mí.

No sé qué pasó en el camino que desmotivó tanto mi desarrollo intelectual. Fue la universidad quizá no lo sé, pero en las mañanas ya no tengo ni ánimo de salir de mi cama. 
Ojalá encontrarme a esa niñita cuatro ojos que se levantaba radiante de ir a clases, a permanecer en esa frías salas pero llenas de risas y de historias.

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